martes, 8 de marzo de 2016

XXI. HUMANIZACIÓN DE LA PEDIATRÍA EN MAGALLANES (segunda parte)


            Parte de esta situación la hemos soslayado los pediatras trabajando con las familias, haciéndoles partícipes de las terapias que tienen el común objetivo de la recuperación de la salud de sus hijos, o de la mantención de la buena salud, que es el estado ideal. Por cierto, una actitud respetuosa, afable, cariñosa con los niños, y dando explicaciones claras, ¿y por qué no? pidiendo la opinión de los padres, siempre ganará respeto y credibilidad. Y si hay programas bien planificados que incorporen a las familias, tanto mejor. Palmario es el caso, por ejemplo, de la instalación del programa IRA en Magallanes en 1992, como lo refiere la pediatra Lidia Amarales[1]:
            La educación sostenida a los padres culminó con una organización formal: "Asociación de Padres con Niños con Enfermedades Respiratorias”, APNER. Esta asociación, con personalidad jurídica, no sólo siguió manteniendo la educación a los nuevos padres incorporados a través de la replicación de los contenidos educativos, sino que incorporó dentro de sus responsabilidades el mantener una mini farmacia con los medicamentos que a la fecha no existían en el consultorio de enfermedades respiratorias, para las patologías crónicas y las más complejas. A su vez, agregó a sus aportes la compra de insumos y equipamiento, gestionando ayuda de las empresas de la región y de otras organizaciones de la comunidad. Una réplica de esta organización se formó en Puerto Natales entre los padres de esa comunidad, al alero de la sala IRA, cuyo nombre era “PULMONCITO”, manteniendo iguales funciones y responsabilidades que la organización original.
            La alta incidencia de infecciones intrahospitalarias en la era preantibiótica dejó en el personal de salud un respeto atávico por la asepsia, y los principales perjudicados fueron los pacientes, en especial los niños. Se limitaban al mínimo las visitas, en la convicción de que eran portadores de infecciones peligrosas. Quedó más adelante establecido, sin embargo, que el riesgo era ínfimo en comparación con la presencia de microorganismos patógenos ya existentes en las salas y el instrumental hospitalario, sin considerar, por cierto, la portación en las manos y las vías aéreas del personal que labora en los nosocomios. Por los años de la década de 1980 los familiares de los niños hospitalizados en el Servicio de Pediatría del Hospital Regional “Dr. Lautaro Navarro Avaria” tenían derecho a visita a sus niños solamente los días jueves y domingo y de 15.00 a 17.00. El contacto consistía en visualizarse a través de las vitrinas que separaban la sala del pasillo, con el consiguiente llanto y griterío de los infantes, y la angustia de los padres. Era habitual que éstos exigieran altas precoces, manifestaran distintos y comprensibles grados de agresividad, a veces con la frase recurrente “están experimentando con mi hijo”. El trance de la hospitalización, traumático para los niños bajo todo punto de vista, lo era aún más en esas circunstancias. Los profesionales tampoco solían ser muy empáticos, tal vez como involuntaria defensa ante los reclamos, y tenían algunos hábitos que hoy en día se considerarían aberrantes, como describe Lidia Amarales[2]: Había pediatras que pasaban visita fumando, había ceniceros en los mesones en que se evolucionaba la ficha clínica.
            Hacia el comienzo de los años de 1990 la situación, siguiendo la tendencia nacional canalizada a través de la iniciativa ministerial Hospital Amigo, comenzó a variar radicalmente. Se abrieron las puertas, con ingreso de los padres -regulación mediante- en forma prácticamente libre, cohabitación nocturna de los menores de 4 años, luego hasta 6 años con sus madres, cooperación de los padres o cuidadores en los tratamientos y cuidados del niño hospitalizado, contacto directo y frecuente con los pediatras tratantes y resto del equipo de salud, todas medidas que significaron un enfoque completamente distinto a lo que se venía practicando con anterioridad. Desde entonces hubo más felicitaciones y agradecimientos que reclamos, y los niños acortaron sus tiempos de hospitalización, no por exigencia de los padres sino por mejoría clínica.
Sobran los ejemplos en que los padres han manifestado públicamente su agradecimiento por el buen trato recibido en los servicios de hospitalización. En 1998 el Servicio de Pediatría del Hospital Regional de Punta Arenas “Dr. Lautaro Navarro Avaria” se hizo merecedor del premio “Excelencia en Salud” de ese año, otorgado por el Ministerio de Salud como el mejor del país en cuanto a la calidad de la atención.
            Al cumplir un año de vida en julio de 2000 la prematura extrema María Alejandra Sáez Paredes[3], sus madre destacó el apoyo de las distintas personas que atienden a su hija, en especial al pediatra Dante Hernández[4].




[1] L. Amarales. Op. cit.
[2] Testimonio Dra. Lidia Amarales, 2015.
[3] Ver capítulo XIX.
[4] Diario “La Prensa Austral”, 12 de julio de 2000.

sábado, 5 de marzo de 2016

XXI. LA HUMANIZACIÓN DE LA PEDIATRÍA MAGALLÁNICA (primera parte)


El vertiginoso avance de la tecnología
y la informática pueden transformar las
unidades de cuidados intensivos en lugares
de ciencia ficción, donde el niño pareciera
perdido entre aparatos y pantallas.
Es nuestra misión preservar siempre el
humanismo que caracteriza a nuestro
quehacer y no olvidar jamás que tratamos
pequeños seres humanos, dependientes, que
muchas veces necesitan tanto de nuestro
 amor como de nuestros conocimientos.

Helia Molina
Presidenta
Sociedad Chilena de Pediatría
1981.

            La madre y su hijo, desde el parto hasta el destete, constituyen una unidad afectiva y biológica, tan bien descrita por Kennell y Levin en sus investigaciones sobre el apego y la humanización de la neonatología. Bases fundamentales son el contacto piel a piel, y especialmente la lactancia materna. Sobre esto último los indígenas patagónicos no tenían dudas, y su sabiduría propugnaba la alimentación al pecho materno por tiempo prolongado, incluso hasta los cuatro o hasta seis años, edades en que, coincidentemente, aumentaba la mortalidad infantil[1]. En la década de 1920, sin embargo, las recomendaciones eran otras: una vez producido el parto, al niño se le apartaba de la madre, y una vez vestido (…) se le acuesta lejos de la madre: la persona recién desembarazada debe dormir mui bien i tranquila sin molestia alguna. (…) El niño debe acostarse siempre de lado para evitar muerte por asfixia con las mucosidades o flemas, como se observa en casos de niños que se acuestan de espaldas, especialmente en aquellos niños con hipertrofia del timo. Para evitar deformaciones debe acostársele indistintamente de uno u otro lado[2]. Actualmente se sostiene, sin embargo, que el niño debe dormir boca arriba para disminuir el riesgo de muerte súbita. Cambio como muchos, pero lo más importante han sido los conceptos del apego y la lactancia materna precoz, inclusive desde el primer minuto de vida, cosa que se estima fundamental para un buen éxito, tanto de la lactancia como de la permanencia de esa unidad biológica y afectiva entre la madre y 
su hijo. El profesor Mönckeberg, por el contrario, enseñaba: La primera mamada debe hacerse despues de las doce horas que siguen al parto, en el segundo dia el niño debe mamar tres veces i desde el tercer dia cada tres horas y despues cada dos horas, especialmente durante los primeros ocho días i despues cada tres horas. El sueño de la puérpera debe cuidarse, pues se ha observado que las que no duermen bien (7 - 8 horas) no tienen nunca bastante leche[3]. Loable propósito el de cuidar a la madre, quien bien se lo merece, pero so riesgo de provocar graves hipoglicemias, aparte de la interrupción del precioso vínculo. La nodriza debe privarse de aquellos alimentos que den mal gusto a la leche, como los tomates, espárragos, coliflores, ajos i alcachofas segun algunos i por ello en muchas ocasiones el niño rehusa tomar el pecho. De las bebidas la mejor es la leche. Si se toma vino debe preferirse el blanco adicionado de aguas; se ha observado fenómenos cerebrales, convulsiones en el niño cuando la madre injiere alcohol diariamente o en cantidades considerables, pasa el alcohol casi totalmente a la leche i el niño se intoxica. Lo mismo pasa con el café. Algunos aconsejan la cerveza, su papel galactijénico es dudoso i no tiene base científica, salvo que contenga fierro. (…) La mujer que cria debe llevar una vida tranquila, sin fiestas ni trasnochadas, pues un enfriamiento brusco cualquiera puede acabar con la leche, como así mismo las emociones[4]. El ideal de la alimentacion, ya sea que se haga por lactancia natural o artificial consiste en alimentar al niño con la menor cantidad de leche posible, porque la leche puede llegar a ser un veneno violento dada en exceso[5]. Pese a estos asertos, la mayoría de ellos obsoletos, no se dudaba de los beneficios de la lactancia natural: Causa principal de la mortalidad de los niños son los trastornos gastro-intestinales. El alimento por excelencia para el niño, es la leche materna; si por diversos motivos se recurre a la leche de vaca o de otros animales, se producen a menudo perturbaciones digestivas[6]. En caso de estimarse necesario la supresión completa de la lactancia materna, indicándose exclusivamente la artificial, se preconizaba leche de vaca mezclada con mitad de agua cocida i azucarada al cinco por ciento. El horario de alimentación era estricto y se daban siete mamaderas en las veinticuatro horas. El primer día no se alimentaba al recién nacido, y desde el segundo día se iba aumentando la cantidad en forma progresiva, desde 10 gramos por mamada (70 gramos en las 24 horas), llegando a 35 gramos recién al séptimo día. El niño no aumenta de peso en la misma proporcion con que lo hace con la lactancia materna. El aspecto del niño siempre es deficiente: pálido, sus carnes sueltas, son niños estíticos, las evacuaciones de color de masilla, de consistencia dura i de olor casi igual a las del adulto[7]. ¡Cómo no, si la pobre criatura está hambreada y anémica!
            Desde la relación vertical médico - paciente, en que el doctor era considerado una figura sagrada, poco menos que dotado de poderes y autoridad sobrenaturales, al que nadie osaba discutirle ni dudar de sus diagnósticos y terapias, hasta la actualidad, ha pasado mucha agua bajo los puentes. Se ha ido al extremo contrario. No sólo se duda y se le discute, con datos insustanciales obtenidos de la internet, sino también se le denuesta y ningunea. Cualquier complicación o situación inesperada es tachada de negligencia y se le judicializa. Los extremos, como en casi todo, no son buenos. Los pacientes agresivos y cuestionadores, si bien han aumentado, son los menos. Los médicos indolentes y negligentes, que sí los hay, también son los menos. En tiempos del médico-dios las negligencias pasaban desapercibidas, y en los actuales, el médico ser-humano-común-y-corriente se desgasta cubriéndose las espaldas, haciendo procedimientos de más o de menos, solicitando análisis e imágenes innecesarios, por el terror al error.




[1] Ver capítulo I.
[2] C. Gómez y G. Morales. Op. cit. Págs. 237 - 238.
[3] Ibíd. Pág. 254.
[4] Ibíd. Pág. 259.
[5] Ibíd. Pag. 281.
[6] Ibíd. Pág. 263.
[7] Ibíd. Pág. 207.

martes, 1 de marzo de 2016

XX. LA SOCIEDAD CHILENA DE PEDIATRÍA (tercera parte)


A fines de ese año Dr Jorge Mihovilovic en representación de la Sociedad presenta en la Reunión anual del American College of Surgery realizada en Punta Arenas el trabajo original “Tratamiento médico de las peritonitis quirúrgicas del niño”.
Esta actividad marcó el fin de la primera etapa de la sociedad pediátrica magallánica, la que -como se verá- se ha caracterizado por períodos de intensa actividad intercalados con hibernaciones más o menos prolongados. Es así como se reactivó el 28 de septiembre de 1967, con la participación de las recién llegadas doctoras Carmen Pino Valdés y María Yolanda Arellano[1], eligiéndose el nuevo directorio de la siguiente manera:

PRESIDENTE: DR.JORGE MIHOVILOVIC KOVACIC
SECRETARIA: DRA. MARÍA YOLANDA ARELLANO
TESORERA: DRA. CARMEN PINO VALDÉS

Dra. María Yolanda Arellan
             Como en otras oportunidades, se reiteraron las buenas intenciones de participar en el próximo Congreso Chileno  de Pediatría. La sociedad acuerda tener sus reuniones mensuales tratando de hacerlas coincidir con las anátomo-clínicas del Servicio de Pediatría, enviando previamente notas resúmenes a los diferentes servicios, con el caso a presentar. Se evidenciaba así la alta mortalidad de la época puesto que, como es sabido, en este tipo de encuentros se presentaba el caso de un niño fallecido en el servicio y que hubiera presentado dificultades para precisar el diagnóstico o causa de muerte. Se discutía sobre el caso, y el patólogo daba el diagnóstico final con el resultado de la autopsia, y todos aprendían. Dramático, especialmente por tratarse de niños, pero era la realidad de la época, en que la mortalidad intrahospitalaria daba para reuniones mensuales, sin considerar a los que fallecían con diagnóstico claro.

            26 de octubre de 1967
            Reunión anátomo-clínica en el Servicio de Pediatría, con la participación de todos los médicos de la Unidad más la presencia del médico anatomopatólogo y el radiólogo.
            Se presenta un caso con los diagnósticos clínicos presuntivos de: cardiopatía congénita acianótica, probable ductus; endocarditis o endoarteritis bacteriana; y sepsis probablemente estafilocócica.
            Los informes anátomo-patológicos relatan: neumopatía derecha estafilocócica. Signos de compromiso séptico de los órganos: bazo, hígado. Sin demostración de compromiso de endocarditis en la gran lesión de ductus que era una verdadera ventana de aorta a pulmonar.
            Se está de acuerdo en que lo más probable fue un caso de sepsis estafilocócica de probable partida a nivel pulmonar, insistiéndose en que es fundamental en todo caso en que se sospeche sepsis, tratarle como de origen desconocido con kanamicina, penicilina y (¿?)[2], con lo cual se toma la mayor parte de la flora Gram (+) y Gram (-), quedando a cubierto tardanzas de resultado de hemocultivo o errores de resultado.

            A mediados de 1968 participaban en las reuniones los recientemente llegados doctores René Araya y Nino Valdés Vargas[3]. Se subía la cuota mensual a E° 25, en vista de los gastos que significaría la asistencia al Congreso Chileno de Pediatría, a desarrollarse al año siguiente. Se preparaban presentaciones de temas libres para dicho evento, con varios trabajos, incluyendo “Problema adenoideo en el niño magallánico de 1 a 10 años de edad”, “Incidencia y prevalencia de la desnutrición”, “Resultados de la alimentación de prematuros con Milko”, y otros.
            De aquí en adelante las anotaciones en los libros de actas comienzan a ralear, dando cuenta de una merma en el entusiasmo de los socios por mantener viva la llama. Tal vez la última y más importante actividad de ese período fue la organización, en 1971 y bajo la presidencia de Carmen Pino Valdés, de las III Jornadas Anuales de Pediatría, que por aquellos años equivalían al congreso nacional de la especialidad. Los que lo recuerdan[4] hablan del gran éxito del evento, cuyo broche fue un opíparo asado en Fuerte Bulnes, siendo atendidos los invitados por las monjas vicentinas del Hospital Regional.
            A comienzos de 1972 se eligió el directorio, que quedó constituido como sigue:

PRESIDENTE: DR. JORGE MIHOVILOVIC KOVACIC
SECRETARIA: DRA. CARMEN PINO VALDÉS
TESORERO: DR. FERNANDO PAREDES ÁVALOS

            El 11 de septiembre de 1973 se clausuraba la Filial Punta de la Sociedad Chilena de Pediatría y sus actividades “hasta nueva orden”. Jorge Mihovilovic guardaba y custodiaba el libro de actas.
            A fines de 1984 llegaba, para establecerse definitivamente en Punta Arenas, el autor de este libro. A la fecha de su traslado desde Santiago integraba el directorio nacional de la Sociedad Chilena de Pediatría en calidad de bibliotecario y a cargo de la Comisión de Socios. Informado el directorio de su decisión de radicarse en el austro, y aceptada su renuncia, se le encargó la misión de contactarse con Mihovilovic y los demás socios, a fin de reanudar las actividades de esta filial por tantos años dormida.
            Tal cometido fue cumplido con entusiasmo y eficacia, tanto es así que el 28 de marzo de 1985 se efectuaba una reunión general de socios activos, asistiendo los doctores Julio Montt Vidal, Jorge Mihovilovic Kovacic, Fernando Paredes Ávalos, Nino Valdés Vargas y Matías Vieira Guevara. Presidió el Dr. Mihovilovic y no asistió por enfermedad la Dra. Carmen Pino Valdés.
            El Dr. Mihovilovic (Presidente) y el Dr. Paredes (Tesorero) dan cuenta de su gestión en el directorio durante los últimos años, siendo aprobada por los socios presentes. El Dr. Mihovilovic presenta la renuncia a su cargo considerando su permanencia en éste durante 13 años. Se procede a elección de nuevo directorio, el cual queda constituido de la siguiente forma:

PRESIDENTE: DR. NINO VALDÉS VARGAS
SECRETARIO: DR. MATÍAS VIEIRA GUEVARA
TESORERO: DR. FERNANDO PAREDES ÁVALOS



[1] Íd.
[2] Ilegible.
[3] Ver capítulo VI.
[4] Dres. Amarales y Mihovilovic.