lunes, 27 de julio de 2015

VI. LOS PEDIATRAS (quinta parte)



El doctor Santiago Prado Palma llegó a Punta Arenas a comienzos de la década de 1960, a poco de terminar una beca de tres años en pediatría en el Hospital de Niños “Dr. Luis Calvo Mackenna”. Lo dejamos explayarse, y nos cuenta[1]:

Debo haber tenido unos veintisiete años. Me fue muy bien, estuve como cuatro años. Fue una estadía súper breve, pero exitosa; una clientela loca, mucha clientela, muchos amigos. Yo hice la primera exanguíneotransfusión que se hizo en Punta Arenas. En aquel entonces había gente muy rica, muy potente. Un niño se murió por una eritroblastosis fetal. Me produjo mucha impresión, porque era gente que se podría haber comprado un avión, pero no habia vuelo.

En ese tiempo me fui a Santiago a ponerme de novio, y aproveché de hacer un curso de exanguíneotransfusiones en el Hospital San Borja. Hice muchas exanguíneotransfusiones en Punta Arenas, desde luego la primera. Cien por ciento de éxito. Fue una de las cosas que más me satisfizo. Eran esos equipos antiguos con llaves metálicas.
 
Dr. Santiago Prado y personal de
Maternidad  y Recién Nacidos
1964
Eran años bien interesantes, hacíamos buena pediatría, tengo la sensación de que en Punta Arenas salvamos mucho. Hay unos mellizos Pivcevic que eran hijos de Dusan Pivcevic, un hombre muy prominente en ese entonces. Hay otros mellizos, de muy bajo peso, me los dieron a mí para que los sacara adelante. Entre los obstetras estaba Amarales, su madre era matrona. Era un chiquillo muy encantador, muy inteligente, trabajador. Era un ambiente muy agradable, yo tenía consulta con el doctor Robles.

Yo en ese entonces tenía ganas de ser cardiólogo, y estaba siempre pensando en la posibilidad de irme a Estados Unidos. Se me ofreció la posibilidad y por eso fue que dejé Punta Arenas. Estuve muchos años en Estados Unidos y aprendí mucha cardiología infantil. Por esos años Minneapolis era la capital de la cardiología infantil en el mundo. Había un famoso cirujano, Lillehei[2], este hombre hizo las primeras circulaciones extracorpóreas en el mundo. Los gringos se portaron conmigo brutalmente bien. Hicimos muchos amigos, en la Mayo Clinic, gente de Chicago, todos estábamos muy conectados. Lo pasábamos muy bien, pero mi mujer era de familia muy tradicional. Entonces me trajo poco menos que arrastrado. Fui cardiólogo en el San Juan de Dios, y un poquito después, meses después, pasé al Calvo Mackenna de nuevo, que era mi hospital de origen. Estuve con el famoso cirujano Helmut Jaeger[3]. Yo llegué a ser subjefe del centro cardiovascular.

Yo ya había llegado a tener cinco hijos, estaban grandes y entraban todos a la universidad. Y me di cuenta de que no tenía fondos. La clientela cardiovascular es limitada. En ese tiempo no había Fonasa, ni Isapres, ni nada. Entonces de repente surge la tentación de irse a Chuquicamata. Me dijeron “le pagamos todo, diez veces más de lo que usted gana, y le pasamos a todos los niños gratis por la universidad”. Fue una oferta que no pude decir que no, a pesar de que no tenía muchas ganas. Tenía una carrera docente, una carrera funcionaria excelente, no era el caso de irse, pero la tentación pudo más. Probablemente fue un error, pero tenía una gran capacidad comercial, y los años que pasé allá los ahorré enteros, y luego invertí en estacionamientos. Me ha significado tranquilidad económica para el resto de la vida.

El Dr. Santiago Prado Palma se trasladó nuevamente a Santiago en 1984 al ganar un concurso de Jefe del Servicio de Pediatría del Hospital “Paula Jaraquemada”[4], cargo que desempeñó durante un tiempo, y actualmente ejerce como pediatra en el Consultorio “Irene Frei” de Quilicura, viviendo de los ingresos que le proporciona su cadena de estacionamientos.

 

 




[1] Testimonio personal Dr. Santiago Prado, 2012.
[2] Dr. Walton Lillehei (1918 - 1999), considerado el “padre de la cirugía a corazón abierto”.
[3] Dr. Helmut Jaeger Lunecke (1925 - 2006), iniciador de la cirugía a corazón abierto en Chile, Premio Nacional de Medicina 2004.
[4] Actual Hospital “San Borja - Arriarán”.

viernes, 24 de julio de 2015

VI. LOS PEDIATRAS (cuarta parte)


             En espera de conseguir mayor información, he aquí unas pinceladas sobre algunos pediatras que ejercieron en Punta Arenas entre los años 40 y 60 del siglo pasado.
 
Guillermo Stegen Ahumada fallecía, en la Región de Valparaíso y a le edad de 93 años, el 7 de noviembre de 2014. Destacado pediatra, también ejerció en Punta Arenas.

Dr. Ezequiel Barroso, auxiliar Berta Núñez y un niño
c. 1964
 
Ezequiel Barroso Cid fue jefe del Servicio de Pediatría, tanto del Hospital de Asistencia Social como del Hospital Regional de Punta Arenas “Dr. Lautaro Navarro Avaria”. Según recuerda Raquel Aedo, antigua auxiliar de enfermería, apenas lo sentíamos en el pasillo, “ahí viene el doctor Barroso”, decíamos. Como lauchas a meternos en las piezas. En ese tiempo ya estaban separados los lactantes de los escolares. Había salas de medicina, cirugía, lactantes, infecciosos, así. La auxiliar tenía que estar en la sala con mascarilla, y había una persona volante que repartía los tratamientos y se los entregaba a la persona de la sala. Y una daba el tratamiento en su sala, sin abandonarla. Al lado de los niños, así era el sistema del doctor Barroso. Llegaba en las mañanas abriendo puertas por todos lados, puertas de baño, de lo que sea. Todo tenía que estar brillando. Igual que su personal, teníamos que andar impecables. Y nos acostumbramos, así nos formaron[1].
 El Dr. Talma falleció en, y se encuentra sepultado en, Punta Arenas.
Fernando del Carmen Cabrera Reyes nació en 1932 y llegó en 1962. Actualmente sigue ejerciendo la profesión en Santiago, y es un eminente neurólogo pediatra.



[1] Testimonio personal Sra. Raquel Aedo, 2013.
 
 

martes, 21 de julio de 2015

VI. LOS PEDIATRAS (tercera parte)



En 1937 llegó el Dr. Jaime Barros Pérez-Cotapos, singular pediatra, político y nuevamente pediatra en las postrimerías de su vida. Nacido en Curicó el 3 de mayo de 1911, con Adriasola destacaba por su abnegación. Atendía a los hijos de los imponentes del Seguro Obrero, en la Gota de Leche “Sara Braun” y en los hospitales de Asistencia Social y Naval. En invierno cerraba su consultorio particular y se dedicaba exclusivamente a las atenciones domiciliarias, las que efectuaba hasta altas horas de la noche, interrumpidas sólo por su cena -que le era sagrada- en la Clínica Lagos. Descollaba en atletismo, y era aficionado a la fotografía. De físico corpulento, no era raro verle en los desfiles, colgando boca abajo de una rama de un árbol, intentando captar las mejores imágenes. En una ocasión debió ser auxiliado por los carabineros para bajar desde la cúpula de una iglesia, donde se había encaramado con el mismo propósito. Tenía una bicicleta tándem, en la que paseaba con su esposa los domingos. Militó en el Partido Regionalista.

Sirvió cinco años en Punta Arenas y luego se radicó en Valparaíso, sufriendo un accidente en una carrera de motocicletas en el circuito de Peñuelas, resultando con un traumatismo encéfalocraneano. Según el Dr. Alfonso Robles, habría sido como consecuencia de esta lesión que se dedicó a la política, llegando a ser uno de los más brillantes oradores del Senado de la República, en representación de Valparaíso[1]. Llegaba a las sesiones en motocicleta, con poncho y sombrero huaso, y saludaba con un ¿Cómo estaca? ¿Cómo le vaca? Famoso por sus discursos rimados, era el deleite de la prensa[2]. Era maoísta, y siendo expulsado del Partido Comunista por excesivamente revolucionario, fundó el movimiento Espartaco, de inspiración maoísta.

Dr. Jaime Barros Pérez-Cotapos

En 1973 y luego del golpe de estado, se le ofreció elegir para su relegación definitiva, Arica o Punta Arenas. Como Punta Arenas ya lo conocía, se trasladó a Arica. Allí se convirtió en hippie, y a todo el mundo trataba de “hermano”. Se compró una casa modesta y un viejo y ostentoso Oldsmobile deportivo, que mandó pintarrajear con flores y dibujos sicodélicos, y en el parachoques trasero un NO SE VENDE. Su llegada a las poblaciones obreras era acompañada de la algarabía de los niños que lo esperaban con ansias para recibir sus caramelos, cuando sabían que uno de sus vecinitos estaba enfermo de cuidado. Como a otros pediatras abnegados, le llamaban médico de los pobres, porque no cobraba. A pesar de sus antecedentes marxistas recetaba la imperialista Coca Cola y parches de papel de cigarrillo. Su consulta tenía columpios, y sus ideas políticas eran de la más completa extravagancia. Cultivó amigos de todas las tendencias, y fue gran conversador y amante de la buena mesa y la tertulia. Nombrado Hijo Ilustre de Arica, un cronista regional dice que no se murió de viejo, porque nunca lo fue, sino de cáncer el 22 de febrero de 2004, a la edad de 92 años[3].




[1] Testimonio personal Dr. Alfonso Robles Rivera, 2000.
[2] El autor de este libro recuerda haber leído una transcripción de una sesión del senado, en los años de 1960, en que,  refiriéndose y denostando  al propietario del diario “El Mercurio”, quien además era empresario avícola, decía: “¡Y desde su huevería de Reñaca, este señor se ha convertido en el mayor huevero de Chile! (Risas)”
[3] T. Bradanovic. Yo lo conocí: Jaime Barros Pérez-Cotapos.