sábado, 20 de febrero de 2016

XIX. AVANCES DE LA PEDIATRÍA EN MAGALLANES (séptima parte)


            A mediados de la década de 1960 se comenzaban a efectuar en Punta Arenas las primeras exanguíneotransfusiones[1], técnica introducida por los doctores Santiago Prado Palma y Jorge Mihovilovic Kovacic.

            De pronto surgen iniciativas maravillosas, anónimas y no tanto, que cumplen la función de suplir –desinteresadamente y sin fines de lucro- las prestaciones de las que adolecen las entidades estatales. Es así como la discapacidad infantil, por demasiado tiempo postergada como problema de salud pública, atendida solamente en la medida de lo posible -y lo posible era bien poco- por los equipos profesionales tanto hospitalarios como de atención primaria, pasó a ser prioridad asistencial, inicialmente en Puerto Natales y como iniciativa meritoria del Dr. Álvaro Soto Bradasich. Apoyado por el Rotary Club, se creó en 1966 en esa ciudad el primer centro de atención terapéutica, destinado a beneficiar a los niños secuelados de poliomielitis, parálisis cerebrales y otras. Veinte años más tarde, en 1986, se fundó en Punta Arenas y bajo el auspicio y patrocinio del Club de Leones, el Centro de Rehabilitación Infantil “Cruz del Sur”. Esta obra da asistencia a cientos de niños y adultos de toda la Región de Magallanes, y también de la Patagonia argentina[2].  

1979 Llegan a Punta Arenas los primeros equipos para la aplicación del Plan Ministerial de Implementación Neonatal. Descenso de la mortalidad neonatal de 16,3 a 9,2 por mil nacidos vivos en 1984.

            Hacia la década de 1980 uno de los factores que más incidían en la mortalidad infantil en los menores de un año eran las neumonías. Tanto en Magallanes como en el  resto de la república las hospitalizaciones por las infecciones respiratorias agudas (IRA) daban cuenta de gran parte de la ocupación de camas en los servicios de pediatría, y un     60% de los niños que morían en ese grupo etario, lo hacían en sus domicilios. Entonces fue que un visionario grupo de pediatras del Hospital “Exequiel González Cortés” de Santiago idearon y estudiaron los resultados de la implementación de salas especiales para hospitalizaciones abreviadas, tanto en hospitales como en centros de atención primaria, basadas en el uso de medicamentos como broncodilatadores en aerosol y otros según necesidad, y kinesiterapia respiratoria. Este sistema probó ser extraordinariamente eficaz, adoptándose como programa oficial del Ministerio de Salud a contar de 1990[3]. Entre 1990 y 2008 se obtuvo un descenso de 88,2% en la mortalidad por neumonías en menores de un año, atribuido al programa IRA.
            La primera región en incorporar este programa fue la de Magallanes, y anota la doctora Lidia Amarales[4]: A la fecha del inicio del programa, la autora se desempeñaba como pediatra del Servicio de Pediatría del Hospital Regional “Lautaro Navarro”, en la ciudad de Punta Arenas, Región de Magallanes, siendo nombrada Jefa del Programa IRA para la región. El año 1992 se crea la primera sala en el consultorio adosado del Hospital Regional. Posteriormente el año 1993 se agrega otra sala en un consultorio de atención primaria de la misma ciudad, y una tercera en la ciudad de Puerto Natales.
            Desde el inicio del programa realizamos educación a las madres y padres de los niños consultantes, a la comunidad organizada y a los agentes claves de la comunidad, como las educadoras de párvulos de todos los jardines infantiles de la ciudad de Punta Arenas. A su vez efectuábamos una reunión semanal con todos los profesionales del programa para aunar criterios, revisar bibliografía y analizar casos clínicos de pacientes con evolución tórpida o con complicaciones. Posteriormente la autora implementa el Consultorio Respiratorio Infantil del Hospital Regional, hospital base de la región. Junto al nuevo médico jefe IRA, más los kinesiólogos de las diferentes salas, mantuvimos la reuniones semanales y el trabajo en conjunto, lo que lo llevó a ser un programa verdaderamente en red entre las salas IRA, insertas en los consultorios periféricos y el consultorio de referencia de la especialidad. El programa IRA crece a las ciudades de Puerto Natales y Porvenir, con la misma metodología de trabajo y manteniendo la red, con protocolos de derivación, referencia y contrareferencia.



[1] Recambio total de sangre en recién nacidos, terapia de rescate para prevención del daño cerebral en hiperbilirrubinemia severa.
[2] Para mayor información sobre éstas y otras obras filantrópicas en bien de la niñez, ver M. Martinic. Op. cit. Págs. 258 y siguientes, y 294-296.
[3] L. Amarales. Op. cit.
[4] L. Amarales. Ibíd.

martes, 16 de febrero de 2016

XIX. AVANCES DE LA PEDIATRÍA EN MAGALLANES (sexta parte)


            A mediados de la década de 1960 se comenzaban a efectuar en Punta Arenas las primeras exanguíneotransfusiones[1], técnica introducida por los doctores Santiago Prado Palma y Jorge Mihovilovic Kovacic.

            De pronto surgen iniciativas maravillosas, anónimas y no tanto, que cumplen la función de suplir –desinteresadamente y sin fines de lucro- las prestaciones de las que adolecen las entidades estatales. Es así como la discapacidad infantil, por demasiado tiempo postergada como problema de salud pública, atendida solamente en la medida de lo posible –y lo posible era bien poco- por los equipos profesionales tanto hospitalarios como de atención primaria, pasó a ser prioridad asistencial, inicialmente en Puerto Natales y como iniciativa meritoria del Dr. Álvaro Soto Bradasich. Apoyado por el Rotary Club, se creó en 1966 en esa ciudad el primer centro de atención terapéutica, destinado a beneficiar a los niños secuelados de poliomielitis, parálisis cerebrales y otras. Veinte años más tarde, en 1986, se fundó en Punta Arenas y bajo el auspicio y patrocinio del Club de Leones, el Centro de Rehabilitación Infantil “Cruz del Sur”. Esta obra da asistencia a cientos de niños y adultos de toda la Región de Magallanes, y también de la Patagonia argentina[2].  

1979 Llegan a Punta Arenas los primeros equipos para la aplicación del Plan Ministerial de Implementación Neonatal. Descenso de la mortalidad neonatal de 16,3 a 9,2 por mil nacidos vivos en 1984.

            Hacia la década de 1980 una de los factores que más incidían en la mortalidad infantil en los menores de un año eran las neumonías. Tanto en Magallanes como en el  resto de la república las hospitalizaciones por las infecciones respiratorias agudas (IRA) 
daban cuenta de gran parte de la ocupación de camas en los servicios de pediatría, y un     60% de los niños que morían en ese grupo etario, lo hacían en sus domicilios. Entonces fue que un visionario grupo de pediatras del Hospital “Exequiel González Cortés” de Santiago idearon y estudiaron los resultados de la implementación de salas especiales para hospitalizaciones abreviadas, tanto en hospitales como en centros de atención primaria, basadas en el uso de medicamentos como broncodilatadores en aerosol y otros según necesidad, y kinesiterapia respiratoria. Este sistema probó ser extraordinariamente eficaz, adoptándose como programa oficial del Ministerio de Salud a contar de 1990[3]. Entre 1990 y 2008 se obtuvo un descenso de 88,2% en la mortalidad por neumonías en menores de un año, atribuido al programa IRA.
            La primera región en incorporar este programa fue la de Magallanes, y anota la doctora Lidia Amarales[4]: A la fecha del inicio del programa, la autora se desempeñaba como pediatra del Servicio de Pediatría del Hospital Regional “Lautaro Navarro”, en la ciudad de Punta Arenas, Región de Magallanes, siendo nombrada Jefa del Programa IRA para la región. El año 1992 se crea la primera sala en el consultorio adosado del Hospital Regional. Posteriormente el año 1993 se agrega otra sala en un consultorio de atención primaria de la misma ciudad, y una tercera en la ciudad de Puerto Natales.
            Desde el inicio del programa realizamos educación a las madres y padres de los niños consultantes, a la comunidad organizada y a los agentes claves de la comunidad, como las educadoras de párvulos de todos los jardines infantiles de la ciudad de Punta Arenas. A su vez efectuábamos una reunión semanal con todos los profesionales del programa para aunar criterios, revisar bibliografía y analizar casos clínicos de pacientes con evolución tórpida o con complicaciones. Posteriormente la autora implementa el Consultorio Respiratorio Infantil del Hospital Regional, hospital base de la región. Junto al nuevo médico jefe IRA, más los kinesiólogos de las diferentes salas, mantuvimos la reuniones semanales y el trabajo en conjunto, lo que lo llevó a ser un programa verdaderamente en red entre las salas IRA, insertas en los consultorios periféricos y el consultorio de referencia de la especialidad. El programa IRA crece a las ciudades de Puerto Natales y Porvenir, con la misma metodología de trabajo y manteniendo la red, con protocolos de derivación, referencia y contrarreferencia.
           

            1982 primer prematuro sometido a ventilación mecánica.



[1] Recambio total de sangre en recién nacidos, terapia de rescate para prevención del daño cerebral en hiperbilirrubinemia severa.
[2] Para mayor información sobre éstas y otras obras filantrópicas en bien de la niñez, ver M. Martinic. Op. cit. Págs. 258 y siguientes, y 294-296.
[3] L. Amarales. Op. cit.
[4] L. Amarales. Ibíd.

sábado, 13 de febrero de 2016

XIX. AVANCES DE LA PEDIATRÍA EN MAGALLANES (quinta parte)


            Las conductas sanitarias referidas al puerperio del primer cuarto del siglo XX también tenían sus particularidades. En cuanto a la ligadura del cordón, se preconizaba el uso de un cordón, pero (…) otros hacen la ligadura en tapon de champagne[1], otros con un palo de fósforo i enseguida lo quiebran para que no se mueva la ligadura del sitio en que se ha hecho. (…) Una vez ligado el cordon se piensa en la limpieza del niño que se hace con aceite de almendras para emulsionar el unto sebáceo. En la clientela privada se usa el jabonado i baño pero en la maternidades el baño se reserva unicamente a aquellos niños que presentan asfixia pálida y en los enfriamientos. (…) La curacion que se pone sobre el ombligo consiste en hacer una tocacion con tintura de iodo i envolver la punta del cordon con alcohol de 40 grados. Entre el cordon i la piel se coloca polvo i gasa sobre la cual se acuesta el cordon. Si en la inserción a la piel había supuración (…) se coloca nitrato de plata o protargol al 2% o colargol al 1-2 o 3 por ciento pero si no hai supuracion se le deja completamente seco[2].
            Medidas tan importantes -que hoy nos parecerían perogrulladas- como la organización de salas-cuna y guarderías, se debieron a la visión y compromiso social del notable cirujano y salubrista doctor Juan Damianovic Dukic. Fueron bastiones de primera línea, por decir lo menos, en la lucha contra el raquitismo y la desnutrición en general[3]. El año 1938 fue habilitada la Sala Cuna “Doctor Bencur” y el Jardín Infantil, iniciativa que correspondió al Servicio Sanitario Provincial, que había pasado a depender de la Jefatura Provincial de Protección a la Infancia y Adolescencia[4].
En los años de 1940 la responsabilidad de la atención ambulatoria general de los asegurados y, en lo que interesa a este libro, la de sus hijos en edad pediátrica, había pasado al Estado, que hacía recaer estas funciones en la Caja de Seguro Obligatorio. En 1944 el local que ocupan los servicios médicos de la Caja de Seguro Obligatorio, es reducidísimo. Las salas tienen dimensiones inadecuadas. Faltan salas de espera y la ventilación es deficiente. Los asegurados, que en invierno acuden en mayor cantidad, para resguardarse de la intemperie, pasan dos o más horas en las estrechas oficinas de la Caja. Los servicios de Madre y Niño también funcionan en salas reducidas. Las condiciones de la zona han hecho costumbre que cada madre, hasta la más modesta, tenga un cochecito-cuna para su bebé. Es de imaginarse entonces con cuántos de ellos se llenará una sala de no más de dieciséis metros cuadrados de superficie[5].
Se consideraba de gran importancia, y como lo fue en su tiempo, el sistema de educación cívica y sanitaria que podían proporcionar las colonias de vacaciones. Para este efecto se creó el Parque de Colonias Infantiles de Agua Fresca en terrenos que el Ministerio de Tierras y Colonización cedió a Sanidad. Esta iniciativa perseguía, a través de actividades recreativas fundamentalmente al aire libre:

a)      En lo educativo:
1°. Acercar al niño desde la primera edad a la naturaleza, enseñándole a vencer con sus propias fuerzas los elementos naturales, para que a la par que los domine con su inteligencia, los ame por la belleza y felicidad que proporcionan;
2°. Disciplinar al niño en el trabajo colectivo, al permitirle apreciar directamente, cómo con su pequeño esfuerzo personal aunado al de sus compañeros, realiza tantas tareas atrayentes;
3°. Crearle hábitos saludables y nobles.
b)      En lo sanitario:
1°. Permitir que los niños pasen anualmente un tiempo los más prolongado posible en vida de campo;
2°. Prevenir enfermedades.
3°. Curar estados de debilidad o de enfermedad en comienzo, con estadas en playa a régimen de cura.

El Parque Agua Fresca comprendía 70 hectáreas en que diversas entidades sociales tenían sus propios refugios. Es así como el Hospital de Asistencia Social contaba con capacidad para 27 niños, hijos o familiares del personal; la Municipalidad tenía capacidad para 20 escolares, y la Aviación 25; también tenían alojamientos la Beneficencia Escolar y la Junta de Auxilio Escolar, el Ejército, la Escuela Yugoeslava, la Escuela Industrial, la Guarnición de Carabineros y otras instituciones. El proyecto -del cual no tenemos información sobre su cumplimiento definitivo- era asimilable a una Ciudad del Niño inserta en un paraje boscoso y marítimo de gran belleza, y sería dotado de canchas de juegos, gimnasios y jardines. Su director era el Dr. Juan Damianovic en su calidad de Jefe del Servicio Sanitario Provincial de Magallanes, secundado por las enfermeras universitarias Claudina Álvarez Gallardo y Rosaura Díaz Cárcamo[6].




[1] Vino espumoso que se bebía por aquellos tiempos.
[2] C. Gómez y G. Morales. Op. cit. Pags.236 - 237.
[3] M. Martinic. Op. cit. Pág. 194.
[4] Revista “En Viaje”, febrero de 1944.
[5] Ibíd.
[6] Ibíd.