sábado, 5 de marzo de 2016

XXI. LA HUMANIZACIÓN DE LA PEDIATRÍA MAGALLÁNICA (primera parte)


El vertiginoso avance de la tecnología
y la informática pueden transformar las
unidades de cuidados intensivos en lugares
de ciencia ficción, donde el niño pareciera
perdido entre aparatos y pantallas.
Es nuestra misión preservar siempre el
humanismo que caracteriza a nuestro
quehacer y no olvidar jamás que tratamos
pequeños seres humanos, dependientes, que
muchas veces necesitan tanto de nuestro
 amor como de nuestros conocimientos.

Helia Molina
Presidenta
Sociedad Chilena de Pediatría
1981.

            La madre y su hijo, desde el parto hasta el destete, constituyen una unidad afectiva y biológica, tan bien descrita por Kennell y Levin en sus investigaciones sobre el apego y la humanización de la neonatología. Bases fundamentales son el contacto piel a piel, y especialmente la lactancia materna. Sobre esto último los indígenas patagónicos no tenían dudas, y su sabiduría propugnaba la alimentación al pecho materno por tiempo prolongado, incluso hasta los cuatro o hasta seis años, edades en que, coincidentemente, aumentaba la mortalidad infantil[1]. En la década de 1920, sin embargo, las recomendaciones eran otras: una vez producido el parto, al niño se le apartaba de la madre, y una vez vestido (…) se le acuesta lejos de la madre: la persona recién desembarazada debe dormir mui bien i tranquila sin molestia alguna. (…) El niño debe acostarse siempre de lado para evitar muerte por asfixia con las mucosidades o flemas, como se observa en casos de niños que se acuestan de espaldas, especialmente en aquellos niños con hipertrofia del timo. Para evitar deformaciones debe acostársele indistintamente de uno u otro lado[2]. Actualmente se sostiene, sin embargo, que el niño debe dormir boca arriba para disminuir el riesgo de muerte súbita. Cambio como muchos, pero lo más importante han sido los conceptos del apego y la lactancia materna precoz, inclusive desde el primer minuto de vida, cosa que se estima fundamental para un buen éxito, tanto de la lactancia como de la permanencia de esa unidad biológica y afectiva entre la madre y 
su hijo. El profesor Mönckeberg, por el contrario, enseñaba: La primera mamada debe hacerse despues de las doce horas que siguen al parto, en el segundo dia el niño debe mamar tres veces i desde el tercer dia cada tres horas y despues cada dos horas, especialmente durante los primeros ocho días i despues cada tres horas. El sueño de la puérpera debe cuidarse, pues se ha observado que las que no duermen bien (7 - 8 horas) no tienen nunca bastante leche[3]. Loable propósito el de cuidar a la madre, quien bien se lo merece, pero so riesgo de provocar graves hipoglicemias, aparte de la interrupción del precioso vínculo. La nodriza debe privarse de aquellos alimentos que den mal gusto a la leche, como los tomates, espárragos, coliflores, ajos i alcachofas segun algunos i por ello en muchas ocasiones el niño rehusa tomar el pecho. De las bebidas la mejor es la leche. Si se toma vino debe preferirse el blanco adicionado de aguas; se ha observado fenómenos cerebrales, convulsiones en el niño cuando la madre injiere alcohol diariamente o en cantidades considerables, pasa el alcohol casi totalmente a la leche i el niño se intoxica. Lo mismo pasa con el café. Algunos aconsejan la cerveza, su papel galactijénico es dudoso i no tiene base científica, salvo que contenga fierro. (…) La mujer que cria debe llevar una vida tranquila, sin fiestas ni trasnochadas, pues un enfriamiento brusco cualquiera puede acabar con la leche, como así mismo las emociones[4]. El ideal de la alimentacion, ya sea que se haga por lactancia natural o artificial consiste en alimentar al niño con la menor cantidad de leche posible, porque la leche puede llegar a ser un veneno violento dada en exceso[5]. Pese a estos asertos, la mayoría de ellos obsoletos, no se dudaba de los beneficios de la lactancia natural: Causa principal de la mortalidad de los niños son los trastornos gastro-intestinales. El alimento por excelencia para el niño, es la leche materna; si por diversos motivos se recurre a la leche de vaca o de otros animales, se producen a menudo perturbaciones digestivas[6]. En caso de estimarse necesario la supresión completa de la lactancia materna, indicándose exclusivamente la artificial, se preconizaba leche de vaca mezclada con mitad de agua cocida i azucarada al cinco por ciento. El horario de alimentación era estricto y se daban siete mamaderas en las veinticuatro horas. El primer día no se alimentaba al recién nacido, y desde el segundo día se iba aumentando la cantidad en forma progresiva, desde 10 gramos por mamada (70 gramos en las 24 horas), llegando a 35 gramos recién al séptimo día. El niño no aumenta de peso en la misma proporcion con que lo hace con la lactancia materna. El aspecto del niño siempre es deficiente: pálido, sus carnes sueltas, son niños estíticos, las evacuaciones de color de masilla, de consistencia dura i de olor casi igual a las del adulto[7]. ¡Cómo no, si la pobre criatura está hambreada y anémica!
            Desde la relación vertical médico - paciente, en que el doctor era considerado una figura sagrada, poco menos que dotado de poderes y autoridad sobrenaturales, al que nadie osaba discutirle ni dudar de sus diagnósticos y terapias, hasta la actualidad, ha pasado mucha agua bajo los puentes. Se ha ido al extremo contrario. No sólo se duda y se le discute, con datos insustanciales obtenidos de la internet, sino también se le denuesta y ningunea. Cualquier complicación o situación inesperada es tachada de negligencia y se le judicializa. Los extremos, como en casi todo, no son buenos. Los pacientes agresivos y cuestionadores, si bien han aumentado, son los menos. Los médicos indolentes y negligentes, que sí los hay, también son los menos. En tiempos del médico-dios las negligencias pasaban desapercibidas, y en los actuales, el médico ser-humano-común-y-corriente se desgasta cubriéndose las espaldas, haciendo procedimientos de más o de menos, solicitando análisis e imágenes innecesarios, por el terror al error.




[1] Ver capítulo I.
[2] C. Gómez y G. Morales. Op. cit. Págs. 237 - 238.
[3] Ibíd. Pág. 254.
[4] Ibíd. Pág. 259.
[5] Ibíd. Pag. 281.
[6] Ibíd. Pág. 263.
[7] Ibíd. Pág. 207.

martes, 1 de marzo de 2016

XX. LA SOCIEDAD CHILENA DE PEDIATRÍA (tercera parte)


A fines de ese año Dr Jorge Mihovilovic en representación de la Sociedad presenta en la Reunión anual del American College of Surgery realizada en Punta Arenas el trabajo original “Tratamiento médico de las peritonitis quirúrgicas del niño”.
Esta actividad marcó el fin de la primera etapa de la sociedad pediátrica magallánica, la que -como se verá- se ha caracterizado por períodos de intensa actividad intercalados con hibernaciones más o menos prolongados. Es así como se reactivó el 28 de septiembre de 1967, con la participación de las recién llegadas doctoras Carmen Pino Valdés y María Yolanda Arellano[1], eligiéndose el nuevo directorio de la siguiente manera:

PRESIDENTE: DR.JORGE MIHOVILOVIC KOVACIC
SECRETARIA: DRA. MARÍA YOLANDA ARELLANO
TESORERA: DRA. CARMEN PINO VALDÉS

Dra. María Yolanda Arellan
             Como en otras oportunidades, se reiteraron las buenas intenciones de participar en el próximo Congreso Chileno  de Pediatría. La sociedad acuerda tener sus reuniones mensuales tratando de hacerlas coincidir con las anátomo-clínicas del Servicio de Pediatría, enviando previamente notas resúmenes a los diferentes servicios, con el caso a presentar. Se evidenciaba así la alta mortalidad de la época puesto que, como es sabido, en este tipo de encuentros se presentaba el caso de un niño fallecido en el servicio y que hubiera presentado dificultades para precisar el diagnóstico o causa de muerte. Se discutía sobre el caso, y el patólogo daba el diagnóstico final con el resultado de la autopsia, y todos aprendían. Dramático, especialmente por tratarse de niños, pero era la realidad de la época, en que la mortalidad intrahospitalaria daba para reuniones mensuales, sin considerar a los que fallecían con diagnóstico claro.

            26 de octubre de 1967
            Reunión anátomo-clínica en el Servicio de Pediatría, con la participación de todos los médicos de la Unidad más la presencia del médico anatomopatólogo y el radiólogo.
            Se presenta un caso con los diagnósticos clínicos presuntivos de: cardiopatía congénita acianótica, probable ductus; endocarditis o endoarteritis bacteriana; y sepsis probablemente estafilocócica.
            Los informes anátomo-patológicos relatan: neumopatía derecha estafilocócica. Signos de compromiso séptico de los órganos: bazo, hígado. Sin demostración de compromiso de endocarditis en la gran lesión de ductus que era una verdadera ventana de aorta a pulmonar.
            Se está de acuerdo en que lo más probable fue un caso de sepsis estafilocócica de probable partida a nivel pulmonar, insistiéndose en que es fundamental en todo caso en que se sospeche sepsis, tratarle como de origen desconocido con kanamicina, penicilina y (¿?)[2], con lo cual se toma la mayor parte de la flora Gram (+) y Gram (-), quedando a cubierto tardanzas de resultado de hemocultivo o errores de resultado.

            A mediados de 1968 participaban en las reuniones los recientemente llegados doctores René Araya y Nino Valdés Vargas[3]. Se subía la cuota mensual a E° 25, en vista de los gastos que significaría la asistencia al Congreso Chileno de Pediatría, a desarrollarse al año siguiente. Se preparaban presentaciones de temas libres para dicho evento, con varios trabajos, incluyendo “Problema adenoideo en el niño magallánico de 1 a 10 años de edad”, “Incidencia y prevalencia de la desnutrición”, “Resultados de la alimentación de prematuros con Milko”, y otros.
            De aquí en adelante las anotaciones en los libros de actas comienzan a ralear, dando cuenta de una merma en el entusiasmo de los socios por mantener viva la llama. Tal vez la última y más importante actividad de ese período fue la organización, en 1971 y bajo la presidencia de Carmen Pino Valdés, de las III Jornadas Anuales de Pediatría, que por aquellos años equivalían al congreso nacional de la especialidad. Los que lo recuerdan[4] hablan del gran éxito del evento, cuyo broche fue un opíparo asado en Fuerte Bulnes, siendo atendidos los invitados por las monjas vicentinas del Hospital Regional.
            A comienzos de 1972 se eligió el directorio, que quedó constituido como sigue:

PRESIDENTE: DR. JORGE MIHOVILOVIC KOVACIC
SECRETARIA: DRA. CARMEN PINO VALDÉS
TESORERO: DR. FERNANDO PAREDES ÁVALOS

            El 11 de septiembre de 1973 se clausuraba la Filial Punta de la Sociedad Chilena de Pediatría y sus actividades “hasta nueva orden”. Jorge Mihovilovic guardaba y custodiaba el libro de actas.
            A fines de 1984 llegaba, para establecerse definitivamente en Punta Arenas, el autor de este libro. A la fecha de su traslado desde Santiago integraba el directorio nacional de la Sociedad Chilena de Pediatría en calidad de bibliotecario y a cargo de la Comisión de Socios. Informado el directorio de su decisión de radicarse en el austro, y aceptada su renuncia, se le encargó la misión de contactarse con Mihovilovic y los demás socios, a fin de reanudar las actividades de esta filial por tantos años dormida.
            Tal cometido fue cumplido con entusiasmo y eficacia, tanto es así que el 28 de marzo de 1985 se efectuaba una reunión general de socios activos, asistiendo los doctores Julio Montt Vidal, Jorge Mihovilovic Kovacic, Fernando Paredes Ávalos, Nino Valdés Vargas y Matías Vieira Guevara. Presidió el Dr. Mihovilovic y no asistió por enfermedad la Dra. Carmen Pino Valdés.
            El Dr. Mihovilovic (Presidente) y el Dr. Paredes (Tesorero) dan cuenta de su gestión en el directorio durante los últimos años, siendo aprobada por los socios presentes. El Dr. Mihovilovic presenta la renuncia a su cargo considerando su permanencia en éste durante 13 años. Se procede a elección de nuevo directorio, el cual queda constituido de la siguiente forma:

PRESIDENTE: DR. NINO VALDÉS VARGAS
SECRETARIO: DR. MATÍAS VIEIRA GUEVARA
TESORERO: DR. FERNANDO PAREDES ÁVALOS



[1] Íd.
[2] Ilegible.
[3] Ver capítulo VI.
[4] Dres. Amarales y Mihovilovic.

sábado, 27 de febrero de 2016

XX. LA SOCIEDAD CHILENA DE PEDIATRÍA (segunda parte)


En abril del año siguiente los socios recibían con satisfacción el reconocimiento de la Sociedad Magallánica como Filial oficial de la Sociedad Chilena de Pediatría. Se discute la importancia de este hecho y la obligación que involucra de ir mejorando el trabajo tanto en calidad como en número. Como igualmente el hacernos presentes en el próximo Congreso de Pediatría que se realizará el próximo año en la capital.
Hacia mediados de 1963 se tomaba en serio la importancia de las estadísticas, y Jorge Mihovilovic Kovacic, desde ya inmerso en la salud pública, daba conocer en el seno de la sociedad su trabajo original “Bioestadística Servicio Pediatría Hospital Regional de Punta Arenas años 1961 - 1962”. Se felicita al doctor por su trabajo pues es el primero que con un criterio de salud pública se realiza en la Provincia al mismo tiempo que revela el esfuerzo del autor en llevar al día los datos estadísticos y clínicos en forma de un fichero especial que se organizó a partir del año 1961[1].
Y así, en esta su primera etapa la filial magallánica se dedicaba principal y eminentemente a aglutinar bajo su joven alero la discusión científica pediátrica que surgía de las interrogantes que se suscitaban en el manejo diario de los niños enfermos. De ello sacaban provecho los médicos, las enfermeras y principalmente los niños. Lato tal vez resulte continuar con el detalle de cada una de las reuniones, pero no nos podemos sustraer a la tentación de al menos una relación sucinta, con algún énfasis en los que nos parezca de mayor interés.
Con ocasión de le presentación “Tranquilizantes en pediatría” por Fernando Cabrera Reyes, anotaba el secretario: (…) puso de manifiesto los conocimientos del autor sobre el tema y al mismo tiempo una renovación y recuerdo en los conocimientos. Se discute la dosificación e indicación de algunos psicofármacos y se comprueba la falta de experiencia en el uso de muchos de ellos entre los pediatras. Notable el tono de modestia de la acotación en el libro de actas, el cual, si bien no destinado a ser leído por cualquiera, no desmerece en absoluto a los protagonistas si su contenido sale a la luz pública. Estamos para aprender, cada uno según sus intereses, capacidades y compromiso con sus pacientes. La arrogancia no cabe en el buen médico.
Otras presentaciones fueron “Enteropatías en pediatría” y “Síndrome ictérico” por el doctor Luis Toro Perdiguero; “Anemia hemolítica familiar congénita: caso clínico”, “Intoxicación por vitamina D” y “Resultados de vacunación antisarampionosa”, del doctor José Arcuch Cabezas; y “Parálisis en niño vacunado: caso clínico” del Dr. Jorge Mihovilovic Kovacic.
En 1963 se recibió en sesión al epidemiólogo del Servicio Nacional de Salud Dr. José Manuel Borgoño, quien disertó sobre “Campaña de vacunación antivariólica”.
Recién cumplidos dos años, la sociedad tímidamente comenzaba a proyectarse más allá de -lo que podríamos llamar- su jurisdicción científica local, organizando encuentros de perfeccionamiento y puestas al día con destacados docentes nacionales: es así como concurrieron los profesores Adalberto Steeger, Guillermo Morales Silva, Arturo Gallo, Patricio Donoso y Guillermo García a las XIII Jornadas Pediátricas Nestlé y Primeras Jornadas Pediátricas Magallánicas. Destacaban, como parte del programa, las visitas a policlínicos periféricos en las que seguramente discutían casos difíciles y daban orientaciones y consejos al siempre abnegado personal de salud.

Anotaba el secretario Dr. Mihovilovic: Las jornadas fueron todo un éxito y la mayoría de las sesiones contó con una concurrencia numerosa.
En diciembre de 1964 el tesorero Dr. Luis Toro Perdiguero presentó su renuncia por traslado, pasando a ocupar su cargo el director Fernando Cabrera Reyes.

Dr. Jorge Amarales Aspinal
En enero de 1965 ingresaban, ante la falta de pediatras y a pesar de no serlo, los doctores Jorge Amarales Aspinall, Sergio Gálvez y Roberto Carvajal. Ello se fundamenta en el trabajo efectuado por estos colegas en bien de la Sociedad de Pediatría como asimismo por el hecho de tener trabajos publicados sobre la especialidad.
Amarales, siendo un notable y notorio gíneco-obstetra, hizo un gran aporte a la pediatría regional al engendrar a sus hijos Lidia, Patricia, Claudia y Jorge Amarales Osorio, todos médicos: pediatras las dos primeras[2], neuróloga infantil la tercera y psiquiatra con especial dedicación a la adolescencia el cuarto. No tenemos mayor información sobre el doctor Sergio Gálvez. El cirujano Roberto Carvajal orientó su quehacer fundamentalmente a los niños, siendo socio fundador de la Sociedad Chilena de Cirugía Infantil[3].




[1] Lamentablemente se desconoce el destino final de dicho fichero.
[2] Ver capítulo VI.
[3] Íd.