sábado, 12 de marzo de 2016

XXII. JUEGOS DE NIÑOS (primera parte)


            Como bien habrá notado el paciente lector de este libro, el niño en Magallanes no la ha tenido fácil. Su historia sanitaria ha sido más una saga de tragedias y penurias que de felicidad y bienestar. Pero hay algo que nada ni nadie le ha podido quitar: la fascinación por el juego. Porque cuando una niña o un niño juegan, olvidan aunque sea por unos instantes las dolencias físicas y del alma, las enfermedades, el maltrato y el abandono. Especialmente es esto cierto en las primeras etapas de la infancia, cuando el pensamiento es mágico. Es por esto que hemos querido concluir esta modesta obra, y como adhiriéndonos a sus estados de alegría, con una revisión de los juegos que han caracterizados a los niños de Magallanes.
Los niños indígenas, como hemos establecido en el primer capítulo, eran amados y bien tratados. En lógica consecuencia, eran alegres y libres de corretear y jugar por los campos.
            Entre los patagones o tehuelches, los muchachos son muy alegres y juguetones. Se entretienen todo el dia con las boleadoras hechas con los dedos de avestruces, ejercitándose en un palo que hincan en tierra para simular un objeto viviente. A sus diminutas boleadoras nada escapa. Bolean huanacos pequeños, avecillas i canquenes en la época de muda.
            Yo conversaba con Ventura, sentado al lado de varios caciques, sobre los sucesos de Magallanes, cuando su hijo, muchacho pequeño, me enlazó con mucho despacio. Sólo vine á percibirlo cuando ví que me estrechaba en el cuello el nudo corredizo. Despues el bellaco se reia de su gracia. Y ¡ay! del perro ó ser viviente que se pusiera al alcance de su lazo. Lo pasan en trato mui íntimo con los perros i segun me dijeron suelen criar chingues para su entretenimiento[1].
            Corroboraba Musters[2]: Las criaturas se entretienen, por lo general, en imitar a las personas mayores: los muchachos juegan con boleadoras diminutas y cazan perros con pequeños lazos; y las muchachas construyen tolditos para sentarse dentro de ellos.     
Niño kawéskar, 1922.
Foto Martín Gusinde
                                                
Martínez Crovetto[3] lista los juegos y juguetes de los niños sélknam: arco de juguete, juegos con arco y flecha, tiro al blanco, lucha cuerpo a cuerpo, honda de juguete, columpio o hamaca, , hamacarse cabeza abajo, juegos de marearse, casas infantiles, muñecas, juegos en la nieve, juegos en la playa, hacer explotar flores, resistencia al dolor, ronda de saltos, carreras pedestres, juegos con hilo sin fin, disco zumbador, sonajeros, hacer rebotar piedras sobre el agua, regate de proyectiles, juego de pelota. Está visto que no les faltaba motivo para la diversión infantil.                 
Si algo tenían de particular en Magallanes -respecto a latitudes chilenas más septentrionales- las entretenciones al aire libre, éstas eran las de invierno. El frío, la nieve y la escarcha eran el hábitat natural de los niños, los que disfrutaban intensamente esta situación. Recuerda Silvestre Fugellie:
Cuando comenzaban a bajar los primeros copos de nieve, como motitas de algodón, los ojos infantiles brillaban de felicidad, puesto que la dama blanca se desprendía lentamente de su larga e inmaculada capa. (…) A la salida de clases, el juego común era dispararse pelotitas de nieve y deslizarse en trineos y esquíes. Esculpían monos de nieve frente a sus hogares o en los parques. Carabineros habilitaba la calle Valdivia (Menéndez) desde el cerro hasta la Bories, cuatro o cinco cuadras, para el deslizamiento de trineos. Estos vehículos eran muy especiales. Los pudientes lucían los de fábrica y los pobres improvisaban los suyos con tarros de aceite de cinco litros, cajones enzunchados, entablados con patines desechados y otros artefactos propios del ingenio infantil. Resbalar era goce de todos y la fiesta gélida se prolongaba hasta avanzadas horas de la noche.                                           En las calles rutilaban las franjas de hielo hechas sobre los charcos por los niños que patinaban sobre ellas. Sin embargo, tal práctica deportiva disgustaba a los padres, pero no así a los zapateros que tenían harto trabajo de compostura[4].      
Todo esto, claro, antes de la televisión, y mucho antes de los juegos electrónicos y de la conectividad por la internet. Parece que los inviernos incluso han perdido su vigor, despechados y melancólicos, por la indiferencia de los niños.




[1] Anales de la Universidad de Chile, diciembre de 1878. Transcrito por el periódico “El Magallanes” el 26 de agosto de 1894.
[2] G. Musters. Op. cit. Págs. 165 - 166.
[3] R. Martínez. DEPORTES Y JUEGOS DE LOS INDIOS ONA DE TIERRA DEL FUEGO. Pág. 10.
[4] S. Fugellie. Op. cit. Pág. 77

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